Amante de un hombre casado que te ama

Hasta nunca Angela!

2020.11.07 04:19 dgamez07 Hasta nunca Angela!

Hace un tiempo publiqué la historia de mi relación con Ángela en un, “preguntas y respuestas”. Bueno, esta es la historia de nuestro reencuentro.
Antes de comenzar, un detalle omitido en la historia de nuestra relación, que es importante en esta historia, es que Angela era una persona muy astuta, pero muy poco culta. Tenía poco interés en aprender cosas que le presentaban una cierta dificultad. Por otra parte, tenía una memoria bastante mala. Debía guardar su propio número en el móvil en caso de que alguien le pidiese anotarlo, y escribía la contraseña de cuatro dígitos en sus tarjetas de banco para no olvidarlas al ir al cajero.
Bien, el día en cuestión, estaba demasiado triste. Acababa de descubrir que mi novia, con quien tuve una discusión que escaló a niveles críticos, me había bloqueado en todas sus redes. Estaba recostado en mi cama, tratando de distraer la mente, cuando recibí el mensaje de Ángela a través de Facebook.
“Hola. ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo has estado?”
Dejé el mensaje por un par de horas sin responder. Me había tomado por sorpresa y no sabía qué decir, pero habiendo pensado en la respuesta, le dije:
“Hola, estoy bien. ¿Y tú cómo has estado?”
Ella me respondió en pocos minutos e iniciamos una conversación, actualizando lo que había sido de nuestras vidas luego de casi siete años.
Ángela me contó algo emocionada que, luego de nuestra ruptura, se dedicó a cuidar niños para pagar sus estudios de enfermería, de lo cual se acababa de graduar y además se había entregado de lleno a su iglesia, una secta un poco extraña, y que recientemente su novio, un predicador de esa iglesia, le había propuesto matrimonio, y ella había aceptado, pero tenía algunas dudas. Le dije que me alegraba por ella, y esperaba que tomara la mejor decisión y que le fuera muy bien. Entonces, preguntó cómo me iba en el amor.
Le conté que mi novia y yo habíamos tenido una fuerte discusión, debido a que algunas semanas atrás, hice un comentario acerca del comportamiento de su hermana en la mesa, quien se ponía a revisar su teléfono sin participar de la conversación familiar, a lo que ella tomó la defensiva y criticó el que mi hermana viviera con su novio sin estar casados, lo cual luego se sucedió en una batalla de ofensas sin que ninguno de los dos cediera. Ella me pidió perdón un par de días después, pero fui lo bastante estúpido para portarme orgulloso y volver a ofenderla a ella y su familia, con lo cual, terminamos por cortar el contacto… Y ahora estaba arrepentido, tratando de encontrarla para resolver la situación.
Desde ese momento, Ángela comenzó a actuar como mi confidente. Me daba consejos, me permitía desahogarme en nuestras conversaciones y entonces, decidimos vernos para compartir un café y conversar en persona después de todo este tiempo.
Aquel día, al despedirnos, le pedí perdón por todo lo que había sido nuestra relación, por los errores que cometí y las veces que pude herirla. Ella hizo lo mismo, así que, aparentemente, quedamos en paz. También, ese mismo día, ella me dio una brillante sugerencia, ¿qué tal si le mandaba un correo electrónico? Quizá no me había bloqueado en su email.
Lo hice esa misma noche, pero mi novia no respondió.
Ángela y yo, continuamos conversando y nos vimos un par de veces más. Una noche, me escribió diciendo que estaban festejando el cumpleaños de una compañera en su trabajo y que había quedado un buen pedazo de pastel, el cual deseaba llevarme para que me sintiera mejor. Me pidió la dirección de mi casa y se la di.
Llegó algunos minutos después, con el pastel en un envase plástico. Le pedí que me esperase en la puerta para poner el pastel en otro recipiente, lavarlo y devolverlo, pero ella me dijo que podía hacerlo por mí.
“Mmm. Quizá no sea muy apropiado. Estás comprometida, y yo tengo novia, bueno, creo que aún la tengo…” Le dije.
“¡Por favor! No seas anticuado. Somos amigos, sólo eso. ¡Aquí no pasa nada!”
Y entonces la dejé pasar.
En mi departamento, me preparó una taza de café y me sirvió el pastel, y nos pusimos a platicar por algunas horas hasta que se hizo tarde. Fui a lavar el recipiente y se lo entregué.
Cuando quise darle el beso en la mejilla para despedirnos, ella me dio un beso en la boca, pero me aparté de prisa.
“Perdón, me dice, quería saber qué se sentía después de tanto tiempo. Te prometo que no vuelve a ocurrir”. Y se fue.
Algunos días después, llegó la respuesta esperada. ¡Mi novia contestó a mi correo! Se lo conté a Angela.
¿Qué es lo que dice? Pregunta ella.
Dice que también lamenta lo que ha ocurrido, y que admite haber tenido parte de la culpa. Que sí me ama, pero que piensa que debemos hablar muy seriamente sobre lo nuestro antes de tomar alguna decisión, y que me desbloqueará de sus redes para que pueda escribirle.
¡Qué bien! Me alegro por ti. Dijo ella.
Entonces, escribí a mi novia y acordamos vernos al día siguiente para tener nuestra conversación.
También, se lo conté a Angela. Ella me pidió que le reenviara el correo que mi novia me mandó, y lo hice. Entonces, ella responde, “Por sus palabras, sé que ustedes volverán a estar juntos, y yo estaré muy feliz por ti… Pero quiero que sepas que, si algo no sale bien, yo estaré aquí para ti”.
Le dije en chat que se lo agradecía, que había sido un gran apoyo en todo ese tiempo, y ella responde:
“No, en serio. Yo estaré aquí para ti. Si algo sale mal, me gustaría que te volvieras a dar una oportunidad conmigo… Nunca he podido olvidarte, y es por eso que he estado indecisa en casarme o no, aunque he tenido varias propuestas…”
Quedé pasmado con esa declaración, y estúpidamente, le die que, si algo salía mal, me gustaría mantener el contacto con ella, como amigos y quizá, quien sabe si algo podría surgir.
Llegó el día siguiente, y compré unas flores y escribí una tarjeta de disculpas para entregarle a mi novia. Ella llegó como veinte minutos tarde, visiblemente molesta.
Nos dirigimos a un café, ordenamos un par de bebidas sin que ella dijera ninguna palabra. Sólo una mirada fría y vacía.
“Te he extrañado”, le dije, para romper el hielo, y le ofrecí las flores.
“¿En serio?”, me dice ella, sin quitar la expresión de su rostro. “Alguien me escribió” Toma una hoja doblada del bolsillo y la tira sobre la mesa. Extiendo el papel, y era un correo electrónico impreso de un remitente con un nombre claramente inventado, que decía:
“No seas tonta, tu ex y mi ex se han estado viendo en su departamento en la dirección (mi dirección) y los días (los días que me vi con Angela) y además fueron a estos lugares (los lugares donde conversé con Angela)”. Además de todo esto, el correo contenía algunos datos sobre mí, fotos del interior de mi departamento y algunas capturas de pantalla de fragmentos vagos de conversaciones que parecían insinuar algo incriminante. Y también el detalle de “nuestro” beso…
Traté de explicarle sobre Angela, que era una ex novia y que nos habíamos visto casualmente, y nuestro único tema de conversación era la discusión que habíamos tenido, pero no me creyó. Incluso le ofrecí revisar las conversaciones que tuve con ella en mi teléfono, pero no quiso hacerlo.
“De seguro ya borraste las conversaciones”. Entonces se fue, maldiciéndome y diciendo que no quería volver a verme.
Llegué a mi casa en estado de shock. Estaba sorprendido de lo que había pasado… Estaba devastado. “Increíble”, me decía una y otra vez.
“¿Cómo te fue? ¿Ya volvieron?” Me escribe Angela como a media noche.
“Tú debes saberlo”, le dije.
“Ah… ¿Volvieron? ¿Te perdonó, entonces?”
Alguien le escribió, diciendo que me he estado encontrando con la ex de alguien más…
“No… No me digas. ¿Qué hiciste? ¿Quién fue?”.
“Sé que has sido tú… Sólo tú tenías su correo electrónico cuando te reenvié el mensaje que ella me mandó”.
“¿Qué? No, no fui yo… Espera, ¿tal vez mi novio? Voy a llamarle”.
Minutos después, me escribe, y me dice, “No me responde, no puede ser… Debió ser él, suele revisar mi teléfono… ¿Qué hicimos?”
No respondí a ese mensaje. Sabía que era un teatro bastante estúpido. El correo contenía detalles que sólo había conversado en persona con Angela. Era imposible que su novio los conociera… Sabía que era ella quien mandó ese correo.
Corté el contacto con ella, dejando de responder a sus mensajes y traté de resignarme a la vida con la lección aprendida… Pero entonces, un mensaje que me hirvió la sangre llegó.
“Sé que me culpas por algo que no hice, pero tú crees que sí. Sólo quisiera decirte que doy gracias a Dios el que nos hayamos vuelto a encontrar. Habría deseado que las cosas entre nosotros pudieran volver a surgir, pero mañana es mi boda. Me gustaría que pudieras asistir, si deseas… “
Quise ignorar el mensaje, pero de verdad, me invadió la ira más profunda. No podía creer en toda la hipocresía contenida en ese mensaje y respondí.
“No creo que fuiste tú, estoy seguro que sí. Puedo haber sido ingenuo, pero no soy un estúpido. Espero que seas feliz, que seas tan feliz, que tengas la mejor de las vidas, y que luego, si existe un infierno, que te consumas en él eternamente, que es lo que mereces, ¡maldita zorra!”.
Respondió lamentando mis palabras y enviando las mayores bendiciones para mi vida, y deseando que sea feliz.
Algunas semanas más tarde, vi que había cambiado su foto de perfil por una de su boda, y decidí que era momento de vengarme…
Conocía su correo, y sólo por curiosidad, hice el intento de ingresar en su cuenta de Facebook… ¿Y saben qué? Lo logré al primer intento. No, no soy un hacker, ni contraté algún experto ni nada… ¿Quién puede ser tan estúpido para colocar como contraseña su propio número de celular?
Una vez dentro, sentí la tentación de colocar alguna publicación ofensiva en su muro, tal vez algo contra su religión, algo sutil contra sí misma, o algo estúpido, pero preferí contenerme e investigar un poco.
Curioseando entre sus conversaciones, vi que flirteaba con al menos tres hombres más, con quienes cotilleaba acerca de su esposo. Hablando de lo aburrido que era, de que lamentaba haberse casado con él y que sólo lo hizo por la presión social.
Pero entonces encontré el talón de Aquiles. Pocas semanas antes de su boda, Angela tenía una conversación en la que acordaba una cita en un motel con un muchacho que claramente se veía mucho menor que ella.
Entre otras cosas, la conversación decía que extrañarían sus encuentros románticos, que lastimosamente ya no los podrían repetir ahora que ella iba a estar casada y viviendo con otra persona. El día después de su encuentro, decían que la habían pasado bien y no deseaban dejar de verse, pero debían ser cuidadosos…
El material de mi venganza estaba servido en charola de plata, pero decidí esperar un poco más. De seguro ellos acordarían un nuevo encuentro y ese sería el momento de saldar las cuentas.
Y el día llegó. Iniciaron los coqueteos, y fueron escalando a una conversación atrevida para terminar programando un nuevo encuentro dentro de dos días… ¡Era el momento!
Ya tenía lista una cuenta falsa de Facebook desde donde escribí al esposo de Angela, adjuntando las capturas de pantalla de las conversaciones y el texto de, “velo por ti mismo, correo: [email protected]; contraseña: #####”.
A partir de ese momento, él se haría cargo.
Sólo puedo deducir lo ocurrido, ya que no volví a entrar en la cuenta de Angela por mi seguridad, y me limité a visitar su muro público de vez en cuando para saber qué estaba ocurriendo.
Dos días después, en el muro de Ángela estaban publicadas las capturas de pantalla de sus conversaciones pecaminosas, en las que etiquetaba a toda su familia y amigos más cercanos.
Al día siguiente, todas las fotos en su perfil fueron borradas y más tarde, fue dado de baja. Me quedé con la curiosidad de saber lo que había ocurrido, pero conocía alguien que de seguro estaría al tanto.
Entre las conversaciones que leí, una amiga en común a la que yo perdí el contacto le contaba que había conseguido trabajo como mesera en un restaurante del centro, de modo que fui para allá a comer como una hora antes de la salida, tomé asiento, me trajeron la carta y la vi pasar. Me reconoció y pasó a saludarme y la invité a tomar algo cuando terminara su turno para poder conversar… Pero no esperaba que ella lo soltara todo.
Bueno, esto fue lo que ocurrió. El esposo de Angela, aguantando la ira, esperó a que los amantes acordaran el lugar y la hora del encuentro. Era una plaza, desde donde luego se dirigirían al motel que al parecer solían frecuentar. Había pedido la ayuda a un amigo que los vigilaría sin ser visto y le informaría de los pasos de ambos. Entonces, en cuanto los vio abordar un taxi, llamó al esposo para informarle el color, modelo y placa del taxi.
Él estaba esperando cerca del ingreso al motel, y en cuanto los vio entrando a pedir una habitación se acercó con el celular en la mano a grabarla mientras increpaba a la pareja de amantes. Las cosas se salieron de control, ocurre que el muchacho con el que tenía estos encuentros era el hijo de un miembro prominente de su iglesia al que solía cuidar junto a sus hermanos hace algunos años, cuando él era adolescente, poco después de que ella y yo rompiéramos. Sus padres se enteraron de todo el asunto y la policía se involucró para iniciar una investigación y determinar si la relación se había iniciado en una edad legal para el consentimiento, por lo que Angela estaba en un gran riesgo de caer en prisión.
Como es obvio, su esposo la echó de casa, fue repudiada por todos en su iglesia y su comunidad, fue suspendida en su trabajo, por lo que tuvo que retirarse a vivir temporalmente en la pequeña casa de su hermana menor.
No supe más de ella, hasta que algunos años más tarde vi que tenía un mensaje filtrado en mi bandeja de spam que había recibido hace algunos meses. Era un contacto desconocido, con un nombre árabe o hebreo, con una foto de perfil genérica, y decía:
“Lo siento mucho, ahora sé que el karma existe y espero que me perdones por haberte hecho daño. Quisiera poder hacer algo para remediarlo, porque de verdad lo he pagado como no te imaginas”.
Sonreí y borré el mensaje.
¡Hasta nunca, Angela!
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